Las nueve charlas en realidad son ocho que se dividen por dos y quedan dos. Como decía Vicente Huidobro: "los cuatro puntos cardinales en realidad son tres: Norte y Sur".
Todas las charlas, salvo alguna excepción de la que no quiero acordarme, se incardinan en dos puntos: la necesidad de incorporación de la nuevas tecnologías como eje vertebrador de una supuesta nueva educación (curioso, porque ninguna de las presentaciones ha salido bien por errores tecnológicos) y la necesidad de "meter en cintura" al profesorado.
Sinceramente, no sé cómo no ha habido nadie (tampoco yo) que haya saltado en el salón de actos del IES Virgen de la Paloma en defensa del profesorado contra los furibundos y continuos ataques al profesorado que se dan en las charlas. El profesorado, en muchas ocasiones, es visto como un niño al que convencer de un proyecto, en el mejor de los casos, o como un enemigo al que abatir, en el resto. Entiendo, perfectamente, que el profesorado no entiende las motivaciones de gran parte de nuestras decisiones (sabéis que estoy en un equipo directivo) y debe ser así (porque, de hecho, le ocultamos gran parte de la información de la que disponemos por necesidades del cargo); pero su incomprensión no es responsabilidad suya, sino consecuencia de la diferencia de información.
Además, no siempre han de compartir nuestra visión de la educación. Afortunadamente para el alumnado que, al menos, tiene la posibilidad de enfrentarse a distintas formas de ver la enseñanza la educación y la vida social en su conjunto (como ha afirmado en varias ocasiones Fernández Liria).
Se ha hablado en muchas ocasiones de profesorado "tóxico" o incluso al que hay que invitar a salir del centro. Hablo exclusivamente desde mis cuatro años de experiencia en la jefatura de estudios, pero el porcentaje de profesorado no implicado con su trabajo y con el futuro del alumnado es mínimo: en mi centro nunca ha superado los dos profesores. Eso, a pesar de que mi centro es de paso y con una situación social difícil (tenemos más de un 10% del alumnado censado con necesidades de compensación educativa, pero no los recursos).
El segundo aspecto que se ha trabajado, tanto que parece más un trabajo de marketing ideológico que de otra cosa, es la inclusión y la forma de incluir las nuevas tecnologías en el proyecto de centro. Sinceramente, no comparto la entrega ciega a las nuevas tecnologías, tampoco soy reacio a su uso. Quizá con un ejemplo se entienda mejor. En su última novela Javier Azpeitia (El impresor de Venecia) cuenta la labor de Aldo Manuzio, uno de los primeros impresores del Renacimiento italiano. Bien, el quiz de la novela no está centrado exclusivamente en la labor editorial de Manuzio, sino, principalmente, en cómo el poder controla, cercena y manipula para sus propios intereses de dominación y explotación esa tecnología. Es decir, si no analizamos cómo el poder (cuando digo poder digo dominación política para la explotación económica) controla, censura, cercena y manipula las nuevas tecnologías, toda esta introducción servirá para producir esclavos productivos con conocimientos de Java y de utilización de aplicaciones y programas.
Hay un tercer eje que vertebra las charlas: dirigir el centro como una empresa. Se utilizan términos importados de Economics como la distinción entre eficacia y eficiencia (que en la lengua común son sinónimos plenos). Se habla de gestión empresarial sin rubor y, incluso hemos tenido una actividad sobre el particular, de hacer campañas de publicidad sobre los propios centros. Es un cambio de paradigma que no se discute, se asume con naturalidad y, por la tanto, no se problematiza. No casan bien los dos conceptos que nos venden: producir ciudadanos libres y ser productivos (es decir, producir fuerza de trabajo útil a la situación actual del sistema productivo y del mercado de trabajo).
Cuando nosotros estudiábamos, la educación trataba de inculcar ciertos conocimientos que se consideraban propios del acerbo común y que, en consecuencia, era necesario conservar (sin que esto sea liberador por sí mismo) y eran las empresas las que formaban a sus trabajadores para los procesos específicos de un puesto de trabajo. Ahora, sin embargo, es al revés: la escuela trata de adelantarse a las necesidades empresariales y condena al vacío de la consulta en Wikipedia toda la cultura de los últimos miles de años.
Del mismo modo que tenemos un doble sistema de evaluación contradictorio hoy en día: se evalúan competencias pero las notas son por materias... y eso produce grandes chirridos; la lección de las charals es doble: educación como eje vertebrador de la ciudadanía (con todos los peros que a esta afirmación habría que colocarle) propio del proyecto burgués ilustrado y la educación para labrarse un futuro (es decir, para prepararnos como fuerza de trabajo útil al estado actual del mercado de trabajo) va mucho y en muchas ocasiones la segunda anula a la primera.
Me gusta. Mucho.
ResponderEliminarPerdón, soy Lola ;DD
ResponderEliminarMuchas gracias, nunca sé si posiciones críticas son bien recibidas o no. Pero hay que tener en cuenta que es nuestra obligación
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